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domingo, 28 de octubre de 2012
miércoles, 24 de octubre de 2012
Modelo Parcial - Teoría Literaria III
Se ofrece aquí un modelo de parcial de la asignatura Teoría Literaria III, examen correspondiente al segundo cuatrimestre del ciclo lectivo 2009.
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sábado, 14 de abril de 2012
Resumen de Teoría literaria - Diferentes abordajes teóricos
Formalismo: Los formalistas se oponían a estudiar las obras literarias en marcos que no le fueran propios, analizándolas desde puntos de vista ajenos al lenguaje. Su propuesta consistía en abordar la obra desde parámetros lingüísticos, utilizando un método de crítica literaria totalmente intrínseco, es decir, que partiera de la obra misma.
Rechazan la descripción centrada en explicaciones históricas de la critica literaria tradicional, valorando la estructura de la obra por sobre los datos biográficos el artista. Su propuesta teórica consistía en apartar la obra de la cadena histórica y analizarla atemporalmente.
El formalismo enuncia que el arte es la distorsión creadora de la naturaleza mediante una serie de artificios, entendidos como procedimientos lingüísticos o mecanismos orientados a desautomatizar la percepción del receptor. Sus principales representantes son Jacobson, Slovsky, Tinianov, etc.
Grupo Bajtin: Contemporáneos a los Formalistas, este grupo también se preocupa por la cuestión de la especificidad literaria, pero conciben a la literatura vinculada con la ideología. La literatura representaría de modo específico los lenguajes sociales y sus conflictos.
Retoman la noción de signo de Saussure para elaborar sus planteos, pero se oponen a pensar que el signo carezca de toda connotación afectiva, social, moral o política.
Voloshinov afirma que todo signo es ideológico, ya que no solo refleja sino que refracta una realidad exterior a el. Es en el signo donde tienen lugar las tensiones ideológicas, ya que el signo, al ser habitado por la historia y los hombres que lo hacen es de carácter material.
Bajtin entiende que lo específicamente literario debe hallarse al considerar la obra en cuanto a su forma y a su contenido, ya que ambos son portadores de evaluaciones sociales. Toda obra condensa evaluaciones sociales a través del trabajo con los sobreentendidos, es decir, enunciados que manejan los participantes de un circuito comunicativo. Para llegar a esta conclusión confronta los discursos cotidianos con los artísticos:
En el discurso cotidiano, un emisor pronuncia un enunciado que, tomado aisladamente, se vacía de sentido. Es necesario que tanto emisor como receptor conozcan los sobreentendidos, que manejen el mismo contexto extraverbal.
Este contexto extraverbal se compone de: el horizonte espacial, el conocimiento y la comprensión de la situación y la evaluación con respecto a la situación.
Esto sobreentendidos, sumados a la figura tonal utilizada para la pronunciación del enunciado, posibilitan que emisor y receptor puedan comunicarse.
En el discurso poético, son los sobreentendidos los que organizan la obra, determinando, por ejemplo, la elección de las palabras. Por lo tanto, el discurso literario no es solo un sistema de signos ideológicos, sino un sistema de signos ideológicos-artísticos o ideologemas. Estos ideologemas se caracterizan por relacionarse con la especificidad del texto artístico (hacia adentro) y con la realidad exterior (hacia fuera).
Bajtin abre el concepto de género, distinguiendo entre géneros discursivos simples (que aparecen en la comunicación entre sujetos) y complejos (que se nutren de los primeros, transformándolos).
La clasificación de los géneros sería interminable, sería interminable ya que habría tantos géneros como esferas de la actividad humana. La literatura, entonces, pasaría a ser un género discursivo más, con sus particularidades.
Bajtin acuña el concepto de cronotopo, que define como un entrecruzamiento del tiempo y el espacio representados en el texto, cuya función narrativa es relacionarse de modo determinante con el conflicto y definir el perfil del héroe. Esta categoría posibilitaría el estudio histórico de la novela.
Abordajes sociológicos: Las teorías literarias de corte sociológico se concentran en explicar los vínculos entre escritor, obra, público y contexto cultural desde el punto de vista de que es lo social y lo histórico, lo que confiere significación a la obra. De este modo, lo social y lo estético se consideran como aspectos inseparables.
Los pensadores de esta corriente abrieron las teorías marxistas al abordaje de cuestiones estéticas y culturales.
Lukacs, uno de los principales representantes de la corriente propone la teoría del reflejo: la obra de arte debe reflejar de manera realista el mundo social. Tal como el expresionismo reflejaría lo superficial de los fenómenos, el realismo habría captado sus fundamentos. En este sentido, la novela es clave en su teoría, ya que se define como género propio de la sociedad burguesa.
Para Lukacs, la representación de personajes tipo es la forma mediante la cual el realismo captaría la realidad en su esencia.
Además, valora el mayor alcance de público de la literatura realista respecto a las obras de vanguardia. La literatura es juzgada en función del papel que le era asignado políticamente (por el Proyecto Soviético).
Por último, Lukacs reconoce la operatividad para el análisis de observar las relaciones entre vanguardia y realismo, no solo concebidos como estéticas, sino dentro de la obra de un mismo autor e inclusive dentro de una misma obra.
Otro representante de la corriente, Goldmann, retoma la teoría de Lukacs como base para su sociología de la novela. Esta teoría recibe el nombre de estructuralismo genético.
Para Goldmann existe una correspondencia entre la estructura de la obra y las estructuras mentales de los autores, portavoces del grupo social al cual pertenecen.
De este modo, el autor se inscribe en un grupo y una tradición.
Por otra parte, esta teoría implica que la relación entre teoría y sociedad no esta dad por los contenidos, sino por la organización estructural.
El autor acuña el concepto de “visión del mundo”, que define como las formas o estructuras mentales colectivas mediante las cuales una clase social conforma un conjunto de ideas, que representan una respuesta a una situación histórica concreta.
Los principales representantes de esta escuela son: Adorno, Horkheimmer, Fromm, Marcusse y Habermas.
Para Adorno, la totalidad es el resultado de una percepción falsa, efecto de una mirada totalitaria que niega lo particular y lo fragmentario.
El arte y la Filosofía crítica deben reconocer esta mirada y resistir los discursos hegemónicos en un mundo que todo unifica, en la medida que pueda cambiarse por dinero.
Adorno revaloriza al género ensayo, en el que se explicita la relación existente entre los campos de la ciencia, la moral y el arte, ubicándolo fuera del discurso hegemónico y contra él.
Como oposición a la imagen engañosa de totalidad, Adorno plantea una “estética de la negatividad” (propia del género ensayo y el arte de vanguardia) que consiste en un conjunto de procedimientos formales al servicio de desenmascarar a la sociedad capitalista.
Adorno reconoce la naturaleza social del arte y la Filosofia pero otorgándoles una autonomía tal que les permite oponerse a la sociedad.
Desde la distancia Crítica que les confiere su forma, tanto el ensayo como el arte de vanguardia hablan sobre el mundo, evocándolo no bajo sus propias leyes, sino develándolo desde las particularidades formales de la obra.
Por lo tanto, seria la literatura de experimentación, el rechazo a la tradición y la búsqueda de lo nuevo lo que genere el desarrollo de la historia de la estética y promueva un cambio social.
Teoría de la Recepción : Propone concebir como objeto de estudio las lecturas o interpretaciones que los textos promueven y la función que cumplen en la producción de nuevos textos ciertas lecturas y modos de leer establecidos en la sociedad. El objetivo es renovar la historia de la literatura partir de la redefinición del rol del lector.
Representantes importantes de esta corriente: Yvancos, Jauss, etc.
Para Yvancos la estética de la recepción implica cuatro desafíos:
- Cambiar el concepto de “lengua literaria” por el de “uso y consumo de la literatura”, lo que implica entender la literatura no como un sistema con existencia en si mismo, sino como un acto de comunicación cuya realidad se garantiza al ser actualizado por el lector.
- Concebir la categoría teórica de competencia literaria que presupone un lector que maneje una serie de saberes sobre convenciones literarias de índole textual y transmisión histórica, que le permitan reconocer las especificidades de cada género, las referencias, etc.
- Concebir la interpretación como la creación de significado por parte del lector, de modo que se entienda que la obra no es independiente de la mirada del lector.
- Redefinir la historia de la literatura atendiendo a la historicidad de las lecturas.
Jauss, por su parte, plantea una concepción artística que no descarte ni lo histórico ni lo estético, a la que propone entrar a partir de la función del lector.
Al respecto enuncia siete tesis, a saber:
· La historicidad de la Literatura se basa en la experiencia de los lectores. Esto implica que una historia de la literatura es considerada como una lectura posible entre otras. Se deja de lado el carácter objetivo para centrarse en que y como se lee.
· Un lector tiene experiencias literarias que actúan en la recepción, que implican cuestiones relacionadas con el género, la forma, etc.) de carácter trans-subjetivo, es decir, exceden al sujeto particular, lo que permite transformar los actos de percepción en una cuestión objetiva, dimensionable. Estas experiencias literarias trans-subjetivas constituyen un horizonte de expectativa (desde el cual los lectores interpretan) que cambia con las nuevas lecturas y experiencias de vida.
· Existe una distancia estética entre el horizonte de expectativa existente y la capacidad de cambio que trae una obra. La reconstrucción del horizonte en el que aparece una obra del pasado hace posible determinar su carácter de obra de arte a partir del análisis de las reacciones del publico y la crítica
· Esta reconstrucción del horizonte del momento de producción de una obra permite recuperar también las preguntas a las que el texto habría dado respuesta.
· La obra debe estudiarse como acontecimiento, como lectura y respuesta de textos anteriores y como punto de partida de nuevas respuestas. Es decir, situar la obra diacrónicamente permite fusionar el horizonte desde el que se lee con los horizontes anteriores para comprender su historicidad.
· Este punto amplía el anterior. Sincronía y diacronía interactúan dialécticamente. El estudio sincrónico permite concebir el estudio de un sistema de relaciones en la literatura de un momento histórico.
· La historia de la literatura alcanza su objetivo cuando se la concibe como una historia especial en relación con la historia general. La función social de la literatura se revela cuando la experiencia literaria del lector repercute en su comportamiento social.
Esta perspectiva permite, en el plano de la Didáctica , ver al alumno y al docente como lectores, con distintas competencias literarias, construidas desde distintos horizontes de expectativa.
Estudios culturales: En la década del 60 aparecen estudios que toman como objeto fenómenos culturales abordándolos desde una perspectiva histórico-social. Esta corriente entiende la cultura en su dinámica, sus procesos de cambio.
Su principal exponente es Raymond Williams.
Williams revisa críticamente la teoría marxista, dirigiendo su investigación al análisis de los componentes y figuras de la cultura burguesa. Para ello, toma las producciones culturales y las aborda en sus especificidades, sus elementos constitutivos, su movimiento interno y su evolución.
Con respecto a la evolución de las producciones culturales, Williams aporta dos nociones fundamentales: Tradición selectiva y estructuras del sentir.
Las estructuras del asentir, permiten entender el cambio en los fenómenos. Williams las define como un horizonte de posibilidades imaginarias que incluye tanto formas como ideas respecto de un campo social y cultural. El movimiento en la historia se produciría, entonces, cuando la estructura vigente ya no puede contener ni decir las novedades sociales.
Nueva historia cultural: Esta corriente de análisis aparece en los años 80. Su propósito es integrar en un solo relato todas las “historias de” (arte, literatura, etc.) en una historia cultural integrada.
Se entienden las producciones culturales teniendo en cuenta sus productores, revalorizando el elemento individual.
Roger Chartier, uno de los principales exponentes de la corriente, cuestiona los paradigmas estructuralista y marxista, que trataban de identificar las estructuras y las relaciones que, independientemente de las percepciones y las intenciones de los individuos, se suponía que regían los mecanismos económicos, organizaban las relaciones sociales y engendraban las formas del discurso.
Chartier señala tres giros que marcan el cambio de paradigma:
· Giro lingüístico: Implico entender la historia como una matriz discursiva. Esto da a la literatura un puesto privilegiado, ya que la narrativa y la poesía representan los indicadores más sensibles del clima cultural; se privilegia el discurso narrativo ya que es este el que cuenta la historia.
· Giro hacia adentro: Propone orientar los estudios hacia los ámbitos privados (hogar, sentimientos individuales, sexualidad, etc.)
· Giro hacia afuera: Implica la consideración del otro como sujeto desde el cual también se mira, de modo que se rescate la identidad de grupos marginales y voces reprimidas por al historia oficial.
miércoles, 4 de abril de 2012
Descartes versus Nietszche y Freud - Trabajo práctico Nº 1
El Racionalismo, una de las principales corrientes del pensamiento que confluyeron en el período que dio en llamarse “Modernidad”, se basa en ciertos supuestos que acentúan el papel de la razón, tanto en el acto de conocer como en la legitimación del propio ser y el criterio mediante el cual se construye lo que damos por cierto o “verdadero”.
Si bien el pensamiento racional ha
ejercido una gran influencia en la filosofía occidental ya a partir de sus
orígenes, es con la obra de René Descartes (1596 -1650), que queda fijado como
sistema, de forma concreta y sintética.
Es por esto que se analizarán
algunas de las nociones más importantes expuestas por éste en sus “Meditaciones
metafísicas”, de modo que sea posible
inferir el tipo de sujeto que
plantea, así como también la manera en que es entendido el proceso de conocimiento y el criterio de
verdad derivado de esta concepción.
Luego, se presentarán ciertas críticas
a los supuestos implícitos en esta doctrina filosófica, para lo cual se tomarán
como base los planteos expuestos de dos de los principales pensadores que han
dado los siglos XIX y el XX respectivamente: Friedrich Nietzsche (1844-1900) y
Sigmund Freud (1856-1939), en cuyas obras puede observarse claramente la crisis
epistemológica en la que entra el pensamiento racionalista de la Modernidad.
Descartes,
en la primera de sus meditaciones, plantea como condición para fundar un saber certero
cuyas bases estén exentas de toda sospecha, la necesidad de poner en duda
sistemáticamente todo conocimiento adquirido, tanto a través de la experiencia
sensible como así también al que se llega mediante el propio razonar.
En
primer lugar, Descartes duda de los sentidos, ya que considera que estos, al
ser en ocasiones fuentes de engaño o confusión (tómese por ejemplo el caso de
las ilusiones ópticas o auditivas), no pueden ofrecer ningún conocimiento de
validez universal.
En
un segundo momento, Descartes aplica el recurso metodológico de la duda a los
conocimientos que se producen a partir de la razón. El considerar posible que
un hombre pueda equivocarse en algo tan simple como una suma, le permite suponer
la existencia hipotética de un genio maligno, “tan astuto y engañador como
poderoso, que ha empleado toda su habilidad en engañarme”[1], lo
que impediría encontrar certeza en todo razonamiento.
Es
necesario aclarar que, si bien alguna de las nociones o conceptos presentados
por Descartes (tal como la metáfora del “genio maligno”) puedan parecer
arbitrarios o forzados en la actualidad, la concepción de la razón como
fundamento de la realidad ha influido en toda reflexión filosófica posterior e
inclusive en nuestra propia forma de entender al mundo y a nosotros mismos.
Es
en este punto en el que Descartes, llevando la duda hasta su máxima expresión al
poner en tela de juicio tanto al
conocimiento “sensible” (el adquirido por intermedio de los sentidos) como al
conocimiento “racional” (derivado de toda actividad propia de la razón), cuando
por fin llega a una evidencia que considera irrefutable, evidencia sobre la
cual fundará todo su sistema filosófico: al ejercer la duda está pensando y si
existe pensamiento existe la cosa que lo piensa, lo que significa que, el ser
que piensa debe tener existencia (cogito ergo sum).
Este
razonamiento sirve a Descartes para efectuar una división de la realidad en dos
sustancias: la que piensa (res cogitans) y la que no (la res extensa),
concepción dualista que se emparenta íntimamente a los postulados idealistas de
la Filosofía
platónica.
Esta
dicotomía, que también puede expresarse como “espíritu” y “materia”; “alma y
cuerpo”; “yo” y “mundo”, etc., lleva implícita un preeminencia o supremacía de
una de las sustancias por sobre la otra (la res cogitans por sobre la res
extensa), ya que si bien no es el sujeto quien origina la realidad es su
conciencia la que la fundamenta y legitima.
Por
otra parte, Descartes plantea un sujeto dividido, el cual se encuentra atado a
su cuerpo, el cual a falta de una noción intermedia entre cosa y espíritu, es
clasificado como res extensa, es decir, es concebido como una especie de máquina
la cual es utilizada por una determinada cantidad de tiempo por el espíritu,
una mera pertenencia o instrumento de éste.
A
este respecto cabe citar a Nietzsche, quien en el tercer tratado de su “Genealogía de la Moral ” condena abiertamente esta supuesta supremacía del espíritu
(que conlleva una marcada demonización del cuerpo y los sentidos), actitud que él
considera caracteriza a toda la Filosofía
Occidental :
“Es indiscutible
que, desde que hay filósofos en la tierra (…) existe una auténtica irritación y
un auténtico rencor de aquellos contra la sensualidad (…), igualmente existe
una auténtica parcialidad y una auténtica predilección de los filósofos por el
ideal ascético en su totalidad…”[2]
En la obra de Nietzsche, el
pensamiento dicotómico que caracteriza a la Modernidad no será
enunciado en forma sustancial, como espíritu y materia, sino más bien como
actitudes opuestas respecto a la vida o formas diferentes de encararla, para lo
que utilizará las nociones de “Ideal ascético” y “Sensualidad”.
En este sentido, Nietzsche invierte
la valoración implícita en el pensamiento moderno, considerando el ideal
ascético, como una actitud negadora del mundo, incrédula respecto a los
sentidos, desapasionada.
Por el contrario tanto en la Genealogía como en toda
su obra filosófica es posible encontrar explicitada una revaloración de la vida
terrenal, la corporalidad y los placeres conceptualizada en el término “Hybris”.
Para
explicar esta tendencia orientada hacia el predominio de la razón en menoscabo
del cuerpo y los sentidos presente en todo el pensamiento moderno, Nietzsche sugiere que en sus inicios, la
filosofía, como sistema puramente racional, tuvo la necesidad de enmascararse,
como si de un mecanismo de defensa se tratase, para llegar a ser siquiera
posible.
Esta hipótesis parece justificar la
necesidad de Descartes de restituir su confianza en Dios una vez que ha llegado
a la evidencia del “yo” a partir del propio pensamiento. Entendiendo esta
postura como un disfraz, que le permitió dar curso a su pensamiento, sin llegar
a entrar en conflicto de lleno con la visión del mundo imperante en su época,
materializada por la
Iglesia Católica , que sienta sus bases en la fe y la revelación.
Por otra parte, la postura de Nietzsche
acerca del problema del conocimiento, se opone también, en forma tajante, a las
concepciones modernas, encarnadas por el pensamiento cartesiano:
“A partir
de ahora, señores filósofos, guardémonos mejor, por tanto, de la peligrosa y
vieja patraña conceptual que ha creado un “sujeto puro de conocimiento (…),
guardemos de los tentáculos de conceptos contradictorios, tales como “razón
pura”, “espiritualidad absoluta”, “conocimiento en sí””.
Para Nietzsche, todo saber es un
saber perspectivista, lo que equivale a postular la imposibilidad de que pueda
llegarse a un conocimiento absoluto de la totalidad, postura representada en
este trabajo por la doctrina filosófica cartesiana, que concibe a la naturaleza
como pura extensión, pasible de reducir en sustancias simples que sean
accesibles al conocimiento racional, despejando el camino para el desarrollo de
la técnica y la ciencia en general.
Es desde este ámbito desde el cual
se erige el pensamiento de Sigmund Freud, el cual también se replantea el
sujeto que se desprende del sistema filosófico de Descartes y algunos de los
supuestos propios de la modernidad.
En
“Esquema del psicoanálisis”, para analizar la psique del Sujeto, Freud parte de
una concepción dicotómica “Órgano corporal – actos de conciencia” de corte
cartesiano para luego, complejizar esta
concepción al ahondar en las funciones o procesos propios de la vida anímica
del individuo.
Esta
problematización se hace patente respecto a la noción de “yo”, la cual deja de ser
planteada como evidencia de la existencia y justificación de la preeminencia de
la razón o “cogito” por sobre la extensión,
para pasar a ser considerado como una de las instancias psíquicas, que cumple
una determinada función dentro de un sistema más complejo.
Según
Freud, en el “ello”, “la más antigua de estas provincias o
instancias psíquicas”[3] tienen lugar las pulsiones primarias, impulsos
que parten de la organización corporal y exigen una inmediata satisfacción. Es a partir del “ello” que se desarrolla el
“yo”, instancia que oficia de mediador entre la realidad exterior y las
necesidades del “ello”.
A
su vez, a raíz del período en que el sujeto vive con sus padres, se forma
dentro del “yo”, una tercera instancia en la que se prolonga el influjo de éstos
y se depositan los diversos mandatos y prohibiciones que le son impuestos al
individuo por la sociedad, efectuando una especie de control sobre la tarea
desempeñada por el “yo”.
De esta descripción del aparato psíquico,
se desprende un concepto de “Sujeto” que
deja de ser entendido como una mera “cosa que piensa”, para pasar a orientarse hacia
la búsqueda del placer, producida por la satisfacción de ciertos deseos, de los
cuales el individuo no es consciente.
En
este punto es posible observar que, tanto Freud como Nietzsche, coinciden en
resaltar la importancia los apetitos
primarios y las necesidades corporales en la vida del Sujeto, replanteando la
concepción moderna del término, que Descartes fundamentaba en la conciencia, a
través de la razón.
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