viernes, 22 de abril de 2011

Trabajo Práctico sobre El Poema del Mio Cid y las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique.

Trabajo Práctico sobre El Poema del Mio Cid y las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique.


En este pequeño tratado intentaremos dar con algunos de los puntos de contacto y desencuentro más relevantes entre estos dos textos clásicos de la literatura castellana: el “Poema del Mio Cid”, cuya autoría está en discusión, y las “Coplas a la muerte de su padre”, de Jorge Manrique.
Mientras que el Poema del Mio Cid fue escrito en el siglo XII o XIII, según las diferentes versiones históricas consultadas, las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, fueron escritas poco tiempo después de ocurrida la muerte de don Rodrigo Manrique, su padre, el 11 de noviembre de 1476.
No es casual que de uno de los textos tengamos acceso a los datos precisos sobre el autor y la fecha casi exacta en la que fue escrito y del otro texto no contemos con una idea clara de quién fue el autor, ni la fecha en que fue compuesto. Esto ocurre, por un lado, debido a la época en que fueron escritos, y por otro, a la naturaleza propia de cada uno de los textos: el Poema del Mio Cid es un cantar de gesta escrito durante la alta Edad Media, época en la que no existía la idea de pasar a la posteridad, o más románticamente, vencer a la muerte, mediante el arte; en este caso, la poesía. En estos cantares lo único importante era mantener viva la fama del guerrero a través de sus hazañas sin tener en cuenta al escritor del cantar. Muy distinto es el caso de las coplas de Manrique, escrito a fines del siglo XV, en plena transición de las costumbres medievales hacia las nuevas costumbres renacentistas, donde sí existía la posibilidad alcanzar la fama a través del arte y la poesía.
No debemos dejar a un lado la conexión histórico-literaria a la que hacen referencia ambos textos clásicos aún teniendo en cuenta que no debemos confundir los hechos y personajes reales con los hechos y personajes literarios. Aquí podemos encontrar varios puntos de encuentro entre las dos historias que son objeto de estudio. Si tenemos en cuenta las características principales que, a lo largo de todo el poema, son exaltadas: podemos decir que el personaje del Cid se constituye en un símbolo del buen vasallo leal, el buen padre y esposo, el soldado valiente y fuerte, el defensor de su patria, la religión y la honra.
Decimos que el Cid es un buen vasallo real ya que aunque el Rey decide desterrarlo injustamente, él sigue considerándose su vasallo fiel y en sus conquistas obtenidas en tierras moras decide seguir ofreciendo tributos a su Señor, Alfonso VI, con la esperanza de algún día obtener su perdón y caerle en gracia. Así lo podemos ver en las palabras del Cid (v. 814-818):

“De esta batalla y de lo que hemos conquistado
Al Rey Alfonso que me ha reprobado
Quiero enviarle en don treinta caballos,
Todos de sillas y frenos bien dotados,
Y con sendas espadas de los arzones colgando.”

Si observamos detenidamente, este acto de deberse a su señor, a su Rey , se hace presente en ambos textos. En las coplas de Manrique podemos leer los siguientes versos que comprenden las coplas XXXIII y XXXIV:

“Y sus villas y sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por cercos y por guerras
y por fuerza de sus manos
las cobró.
Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal
y en Castilla quien siguió
su partido.
Después de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero:
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta…”

Como vemos, aquí queda plasmado el buen obrar con que don Rodrigo Manrique luchó por su Rey con devoción y obediencia absoluta.

También hablamos de la religiosidad de ambos personajes, y su amor y su luchar por la causa justa de Dios. En estos versos siguientes podemos observar reflejadas estas características, tanto en el agradecimiento del Cid a Dios por la victoria obtenida, como en la obediencia de don R. Manrique ante el llamado divino de la muerte:

“Gracias a Dios, aquél que está en lo alto,
Pues en tal batalla vencer hemos logrado.” (v.792-3, Poema del Mio Cid)

“y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura.” (v.451-6, Coplas a la muerte de su padre)


Otro de los rasgos que salen a la luz en este análisis de los personajes es el buen trato que daban tanto a sus compañeros en la lucha como a sus derrotados. Al tomar posesión de fuertes plazas y fortalezas en la lucha contra los moros -otro punto en común entre ambas historias- estos dos personajes comparten el buen trato hacia los vencidos, lo que aumentaba la admiración de propios y extraños hacia estos dos referentes modélicos de la sociedad española de su época. Esto queda plasmado en el libro “Historia General de España”, de Modesto Lafuente y Zamalloa, al dar cuenta del buen trato que le da don Rodrigo Manrique a los moros vencidos en la toma de Huescar (1434): “Gran renombre ganó el jóven Manrique con haber plantado el pendon de la fe en la mas alta almena del alcázar de Huescar, despues de haber peleado heróicamente en union con sus caballeros, y escediendo á todos en bizarría en los campos y en las calles de la ciudad, y no en vano imploraron los vencidos moros la clemencia del generoso adalid, pues que á ella debieron los hombres sus vidas y su libertad, las damas moras la devolucion de sus joyas y de sus vestidos, y bien mereció la merced que el rey le hizo de veinte mil maravedís de juro y de tres- cientos vasallos en tierra de Alcaráz.”(p.208). De igual manera podemos leer en el Poema del Mio Cid esta buena actitud de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, para con sus vencidos :

“Más el castillo no lo quiero asolar
Cien moros y cien moras los quiero liberar,
Por lo que de ellos tomé, que de mí no hablen mal” (v.533-5)

Otro punto saliente en la configuración del héroe, que contrariamente a lo que sería el héroe de la épica antigua, en el Cid es un ser mesurado, obediente, sin poderes sobrenaturales, pero que tiene algún contacto con seres divinos o extraterrenales. Y aquí encontramos otra interesante coincidencia entre los dos textos que son objeto de estudio. En el Poema del Mio Cid, el Cid tiene un sueño luego de ser desterrado donde aparece el Arcángel Gabriel presagiándole un buen futuro:

“Cabalgad, Cid, el buen Campeador, pues jamás
En tan buena hora varón ha de cabalgar,
Mientras que viviereis bien todo os saldrá.” (v.407-9)

Mientras que en las Coplas de Manrique vemos una situación similar cuando su padre, don Rodrigo Manrique dialoga con la muerte desde la copla XXXIV hasta la XXXVIII:

“vino la muerte a llamar
a su puerta,
diciendo: «Buen caballero,
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero,
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
y pues de vida y salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que os llama.
No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
acá dejáis,
(aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera);
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.
El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable
en que moran los pecados
infernales;
mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos y aflicciones
contra moros.
Y pues vos, claro varón,
tanta sangre derramasteis
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganasteis
por las manos;
y con esta confianza
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera
ganaréis.»

Podríamos seguir hallando variadas y ricas coincidencias, entre los dos textos, de acuerdo al contexto histórico y a las similares características de los personajes, tanto reales como literarios que le dan vida a cada verso. Pero, ¿qué podríamos decir de los aspectos formales de los que se valen los autores para contarnos su historia?

Desde el punto de vista formal podemos decir que el Poema del Mio Cid es un cantar de gesta compuesto por 3735 versos y que consta de tres bloques o cantares principales. El primero es el Destierro del Cid(v.1-1086), el segundo, Bodas de las hijas del Cid (v.1087-2277) y el tercero, el de la Afrenta de Corpes (v.2278-3730). En cuanto a la rima, hallamos una versificación irregular, ya que la medida de los versos oscila entre las 10 y las 20 sílabas, aunque se observa un predominio de los de 14, 15 y 13 con hemistiquios de 6, 7 y 8 sílabas, combinados preferentemente en 7+7, 7+8 y 6+7. Los versos están agrupados en series o tiradas que encierran una misma idea, cuya asonancia es más o menos continua. Suele cambiarse de asonancia cuando la narración da paso al discurso directo o viceversa, y cuando adquiere protagonismo una nueva escena o tema.
En las Coplas a la muerte de su padre, de Manrique, observamos que la elegía está compuesta por 40 coplas. La totalidad del poema está dividida en diferentes secciones: las coplas I, II y III son introductorias; luego la invocación está comprendida desde la copla IV hasta la XXXVIII; la copla XXXIX constituye la oración y la copla XL es el fin del poema. Estas coplas se llaman de pie quebrado. Cada una de las coplas consta de dos sextillas (6 versos) formadas cada una de ellas por cuatro versos octosílabos y dos tetrasílabos con rima consonante, combinada siguiendo al esquema abc abc def def como observamos en el siguiente ejemplo:

Recuerde el alma dormida, a
avive el seso y despierte b
contemplando c
cómo se pasa la vida, a
cómo se viene l a muerte b
tan callando, c
cúan presto se va el placer, d
cómo, después de acordado, e
da dolor, f
cómo, a nuestro parecer, d
cualquiera tiempo pasado e
fue mejor. f

De esta manera, a través del recorrido realizado por estas dos obras clásicas de las letras castellanas, hemos podido echar algo de luz sobre los puntos de contacto que unen a ambos textos, ya sea por sus similitudes o diferencias.


Bibliografía

Anónimo. Cantar de Mio Cid. Edición en español moderno con subtítulos de la edición paleográfica. Miguel Garci-Gómez. 1993. Fuente: http://mgarci.aas.duke.edu/cibertextos/MIO-CID/MODERNO/DESTIERRO.HTM
Manrique, Jorge. Coplas a la muerte de su padre. Edición digitalizada. Fuente: www.isfd.edu.ar
Lafuente, Modesto. Historia General de España. Madrid. 1852. Pág. 208. Tomo VIII. Establecimiento Tipográfico de Mellado.

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